Serie Brochas Corporales.
En Tacto Sacro, objeto táctil, la lana deja de ser materia utilitaria para asumir una condición aurática. Históricamente asociada a la protección, al
abrigo y a lo doméstico, aquí es recontextualizada como es resignificada como vehículo de contemplación y cuidado., por su capacidad de activar
una experiencia sensorial profunda.
La escultura adopta la forma de una brocha corporal sobredimensionada. El mango, de metal dorado, remite a la tradición de los utensilios
ceremoniales y a los códigos del ornamento clásico; la fibra cruda, en cambio, permanece sin teñir, preservando la pureza y la memoria orgánica del
vellón. Esta tensión material —entre el brillo frío del metal y la tibieza porosa de la lana— construye un diálogo entre lo suntuario y lo ancestral.
La lana es presentada en su estado más esencial: fibra larga, cardada, casi intacta. Su volumen generoso invita al contacto.
El gesto de rozar la piel con esta brocha se convierte en un ritual íntimo, una coreografía mínima donde el cuerpo es simultáneamente soporte y
territorio sagrado. El lujo, en esta operación, no se cifra en la ostentación visual, sino en la lentitud del gesto y en la densidad del tacto.
En un contexto cultural dominado por la hiperestimulación visual, Tacto Sacro I reivindica la primacía háptica. La pieza propone una economía de la
suavidad: una práctica donde la experiencia táctil se eleva a categoría de acto sacro.
Así, la obra no solo revaloriza un material históricamente subestimado en los circuitos del lujo contemporáneo, sino que redefine el propio concepto
de lujo como acceso a una experiencia sensorial plena. La lana, en su blancura casi litúrgica, se convierte en ofrenda y herramienta: un instrumento
para desacelerar, para sentir, para recordar que el contacto puede ser una forma de reverencia.